30/01/2026
Mamás, creo que todas compartimos este sentimiento alguna vez.
Esta sensación de estar tan profundamente cansadas que no se va con dormir.
De sentirnos abrumadas, desbordadas,
con la cabeza llena y el corazón pesado.
De cargar culpa por todo:
por cansarnos,
por necesitar espacio,
por no disfrutar cada momento como “deberíamos”.
Y de extrañar —a veces en silencio—
a la mujer que éramos antes de ser mamás.
Antes de entregarnos en cuerpo, mente y alma
a este trabajo tan hermoso
y tan agotador que es maternar.
Lo digo porque yo lo sentí.
Muchas veces.
Más de las que puedo contar.
Y no, no es porque no amemos a nuestros hijos.
Ni porque no amemos la mujer en la que nos estamos convirtiendo.
Es porque amar así de profundo transforma,
corre nuestros límites,
y nos pide mucho más de lo que nadie ve.
Hay días en los que damos todo
y aun así sentimos que no alcanza.
Días en los que sostenemos sin pausa
y nos olvidamos de preguntarnos cómo estamos nosotras.
Hablar de esto no es quejarse.
Es dejar de exigirse en silencio.
Es empezar a mirarnos con más verdad
y un poco más de compasión.
Si este post te tocó,
si alguna vez te sentiste así,
podés compartirlo acá 🤍
No para explicar nada.
Solo para no sentirte sola.