04/03/2026
Actividad física regular, clave para prevenir y acompañar el tratamiento del cáncer
El cáncer continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial y también en nuestro país. En Paraguay se diagnostican aproximadamente 12.000 nuevos casos cada año y entre 4.000 y 4.500 personas fallecen anualmente por esta enfermedad, lo que la posiciona entre las principales causas de muerte prematura antes de los 70 años. En este contexto, además de los tratamientos médicos disponibles, la adopción de hábitos saludables adquiere un papel fundamental para la prevención y el cuidado de la salud.
Diversos estudios destacan el valor de la actividad física regular como una estrategia complementaria no farmacológica que contribuye a la prevención del cáncer y al bienestar general. El ejercicio fortalece el sistema inmunitario, ayuda a mantener un peso corporal saludable y contribuye a regular el equilibrio hormonal. En ese contexto, desde la Dirección de Vigilancia de Enfermedades No Transmisibles se resalta la importancia de adoptar hábitos de vida saludables, entre ellos la práctica regular de actividad física, una alimentación equilibrada, evitar el consumo de tabaco y alcohol, dormir adecuadamente y cuidar el bienestar emocional.
Entre los beneficios asociados al ejercicio físico se destacan la reducción de los procesos inflamatorios, la disminución del estrés oxidativo y del estrés psicológico. Además, favorece el tránsito intestinal y la eliminación de sustancias potencialmente perjudiciales para el organismo. La práctica regular de actividad física puede disminuir el riesgo de algunos tipos de cáncer a través de distintos mecanismos.
Uno de ellos está relacionado con la regulación hormonal. El ejercicio contribuye a reducir los niveles elevados de estrógeno y progesterona, lo que se asocia con una disminución aproximada del 9 % en el riesgo de cáncer de mama y de endometrio. Otro mecanismo se vincula con el control del peso corporal, ya que el exceso de grasa se relaciona con diversos tipos de cáncer debido a que el tejido adiposo libera sustancias inflamatorias que pueden favorecer el desarrollo de tumores.
Además, durante la actividad física los músculos liberan proteínas conocidas como mioquinas, que poseen efectos antiinflamatorios y estimulan la acción de células del sistema inmunitario encargadas de identificar y destruir células cancerosas.
Las investigaciones también señalan que la realización de actividades aeróbicas como caminar, correr, nadar o andar en bicicleta, combinadas con ejercicios de fortalecimiento muscular, puede contribuir a reducir el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer.
La actividad física también cumple un papel importante en la denominada prehabilitación oncológica, un enfoque que busca preparar a las personas antes de iniciar el tratamiento mediante intervenciones orientadas a mejorar su condición física y mental. Los programas de ejercicio pueden favorecer la capacidad cardiovascular, disminuir la fatiga asociada a los tratamientos y contribuir al bienestar psicológico y a una mejor calidad de vida.
Asimismo, diversos estudios indican que mantener actividad física antes y después del diagnóstico se asocia con mejores tasas de supervivencia en algunos tipos de cáncer, como el de mama y el colorrectal. En este sentido, incorporar la actividad física a la vida cotidiana constituye una herramienta clave para promover la salud y mejorar la calidad de vida de las personas.