12/09/2025
No le puedes ganar batallas
a la gente que pelea de rodillas.
Contra ellos no puedes.
Por más lengua que afiles,
por más trampas que ajustes,
por más historias que inventes
y levantes voces en su contra,
no puedes.
No lo intentes.
Porque cuando tú maquinas,
ellos oran.
Cuando tú complotas,
ellos oran.
Cuando tú te agitas,
ellos oran.
Y cuando uno ora,
cuando de verdad ora,
Dios se mete,
se planta,
resuelve,
derriba,
pone orden.
Les dijo alguna vez:
«No serás avergonzado.»
Así que, mientras tú te desesperas moviendo piezas,
Dios mueve montañas.
Mientras tú intentas cerrar caminos,
Dios abre puertas.
Les dijo también:
«Ningún arma forjada contra ti prosperará.»
«Yo pelearé por ti.»
Y cuando el Eterno pelea,
ningún enemigo permanece;
el cielo entero
se vuelve su armadura.
No le puedes ganar batallas
a la gente que pelea de rodillas.
Contra ellos no puedes.
Quizás por un momento creas que están cayendo,
que tu golpe ha dado en el centro,
que tus palabras han logrado quebrarles el espíritu.
Te equivocas.
Tus propios ojos te engañan.
Su rodilla en la tierra
es más poderosa
que todas tus estrategias.
Mientras tú sigues lastimando,
ellos siguen orando.
Mientras tú elevas tu fuerza,
ellos siguen orando.
Mientras tú confías en tus planes,
ellos confían en Dios.
Y en la fe,
Dios se inclina.
Y cuando Dios se inclina,
la batalla termina.