01/04/2026
𝐓𝐮 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐧𝐨 𝐟𝐚𝐥𝐥𝐨́, 𝐒𝐞 𝐡𝐢𝐳𝐨 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐬𝐨𝐬𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬.
El sobrepeso no siempre es una cuestión de comida, hábitos o disciplina.
En muchas historias personales, el cuerpo responde a cargas emocionales profundas, a responsabilidades que no correspondían y a lealtades invisibles con el sistema familiar.
El cuerpo no engorda por casualidad.
Responde. Protege. Compensa. Sostiene.
Cuando una persona ha vivido demasiado tiempo siendo “la fuerte”, “el pilar”, “el que resuelve”, el cuerpo termina haciendo visible aquello que el alma no pudo soltar.
𝐄𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐚𝐬𝐢 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐦𝐢𝐫𝐚
Te convertiste en el pilar que sostenía a todos,
pero nadie sostuvo el tuyo.
Asumiste responsabilidades que no eran tuyas.
Cargaste problemas ajenos.
Te preguntaste una y otra vez:
“¿Quién lo va a hacer si no lo hago yo?”
Y tu cuerpo empezó a cargar por ti.
Cada kilo extra cuenta una historia:
el enojo que no pudiste expresar
las lágrimas que ocultaste para no parecer débil
el dolor de otros que asumiste como propio
No fue falta de voluntad.
No fue descuido.
Fue un cuerpo intentando sostener el peso emocional de todo un sistema familiar.
Y eso, literalmente, pesa.
Cuando el cuerpo se vuelve armadura
Cuando la carga interna es demasiado grande, el cuerpo crea protección.
El sobrepeso no es el enemigo.
Es una armadura.
𝐔𝐧𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐢𝐧𝐜𝐨𝐧𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞:
protegerse
ocupar un lugar
poner distancia
resistir
𝐄𝐧 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚𝐬 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞:
la identificación con ancestros excluidos o rechazados
memorias de carencia, hambre o inseguridad
la necesidad de “ser grande” para no desaparecer
la carga emocional de padres a los que se intentó aliviar
El cuerpo se ensancha cuando el alma se ha quedado sin espacio.
Hambres que no se comen
Muchas veces no es hambre de comida.
Es hambre emocional.
Hambre de madre:
nutrición, contención, seguridad.
Hambre de padre:
estructura, protección, límites.
Cuando esas carencias no fueron vistas, la comida ocupó ese lugar.
No para castigar.
Para sostener.
La solución no es solo bajar de peso
Bajar de peso no empieza en la dieta.
Empieza cuando comprendes que ser fuerte no significa cargar con todo.
Empieza cuando tienes el coraje de devolver lo que no te pertenece.
De decir, internamente:
“Esto no es mío.”
Cuando dejas de comer emociones, empiezas a sentirlas.
Cuando dejas de cargar lo ajeno y empiezas a honrar lo tuyo,
el cuerpo ya no necesita sostener ese peso.
El equilibrio vuelve cuando el orden se restablece.
𝐅𝐫𝐚𝐬𝐞 𝐬𝐚𝐧𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚
“Con amor, devuelvo las cargas que no me corresponden.
Honro su destino sin repetirlo.
Yo me quedo con mi vida, en mi tamaño y en mi lugar.”
Este proceso no se trata de luchar contra el cuerpo, sino de escucharlo.
En mi libro el dolor que no te pertenece acompaño a comprender cómo muchas cargas emocionales, vacíos y responsabilidades asumidas en la infancia siguen expresándose en el cuerpo adulto.
Cuando este trabajo se realiza con conciencia y acompañamiento terapéutico, el cuerpo deja de necesitar protegerse a través del peso.
́n