02/11/2026
UN ASIENTO QUE NO ESCOGÍ
Escribo esta nota más para desahogarme que para cualquier otra cosa.
Hoy hablaba con mi vecina —una mujer blanca de casi 80 años, en etapa temprana de demencia— y después de contarle un poco sobre mi trabajo como abogada de inmigración criminal, me dijo algo que se me quedó grabado:
que yo tenía un asiento de primera fila en la historia.
Me dejó pensando, porque un asiento en primera fila no es solo privilegio; también es responsabilidad.
Todavía no termino de entender del todo cuál ha sido el propósito de Dios al traerme de vuelta a la práctica del Derecho, sobre todo a la práctica de la inmigración criminal… Mi papá comenzó a mostrar sus primeros síntomas de Alzheimer cuando yo estaba en mi primer año de escuela de Derecho. Mis primeros años de práctica coincidieron con mis años como su cuidadora primaria. La abogacía, para mí, está inevitablemente ligada a recuerdos duros que prefiero olvidar. y a un agotamiento profundo.
Por eso me fui a hacer el doctorado y luego el posdoctorado. Mi intención era clara: no regresar jamás a la práctica legal. Después de 20 años de carrera como abogada, estaba cansada. Me mudé a Houston con el sueño de consolidar una trayectoria como investigadora en demencia.
Pero la vida tenía otros planes para mí.
En medio de una situación personal muy crítica, surgió la oportunidad de trabajar en un bufete puertorriqueño en esta ciudad, defendiendo a la comunidad inmigrante latina. Una labor titánica. Una labor que no da tregua.
Ha pasado casi un año desde entonces, y hoy siento que todas mis experiencias de vida se han ido montando unas sobre otras: soy salubrista porque soy abogada, y soy abogada porque soy salubrista. Es imposible mirar la realidad de los inmigrantes en Estados Unidos sin reconocer que el estatus migratorio es uno de los determinantes sociales de la salud más poderosos —y más invisibilizados— que enfrenta nuestra comunidad. Porque en el tribunal también se juega la salud de nuestras familias.
Este trabajo es profundamente agotador. Veo de primera mano el dolor, la separación de familias, el discrimen, la inequidad y la violencia estructural que marca a esta vulnerable población. No lo leo en artículos académicos… Lo veo en los ojos de mis clientes.
Quizás el propósito de Dios al ponerme aquí, en este momento histórico, es que desde esta intersección —abogada y epidemióloga— puedo dar voz y visibilidad a lo que muchos prefieren no mirar. Mi pasión por el trabajo comunitario y mi sentido de justicia me colocan en espacios incómodos. Espacios donde hay que hacer lo que nadie quiere hacer.
¡No me pregunten cómo sobrevivo! 🤷🏻♀️
Hay días en que salgo del tribunal y lo único que quisiera es dormir 3 días corridos. A veces me duele reconocer que no tengo el “bandwidth” mental para cuidar a mi mamá a tiempo completo y, al mismo tiempo, hacer bien mi trabajo. Ella misma se dio cuenta estando aquí conmigo.
Eso no significa que no lo intente. Significa que estoy aprendiendo a la fuerza que no somos infinitos.
Hoy me toca caminar por donde predico: hacer del autocuidado una práctica real, no solo un concepto bonito. Porque sostener a otros requiere primero aprender a sostenernos a nosotros mismos.
Si tengo un asiento en primera fila en este momento histórico, entonces también tengo la obligación de mirar de frente… y de hablar.
Y eso pienso hacer. 💪🏼❤️🇵🇷
(**Foto tomada justo antes del halftime show de Bad Bunny, con toda la energía y la humanidad de una mujer latina en primera fila… literal y figurativamente 😄)