02/16/2026
El caso de la verdad fenomenológica
- Bert Hellinger
Esta verdad aparece, fugazmente, tal como lo hemos visto a menudo aquí. En ese momento algo sale a la luz y se ve un brillo. Pero cuidado con querer alcanzarlo, ya que desaparece de inmediato. Buscar trabajar a fondo, por ejemplo, es esa forma de querer alcanzarlo. O el temor ante lo que pueda ocurrir cuando se muestre como ese "querer llegar", pero de otra manera. Ahí uno quiere que el brillo desaparezca. Pero si me encuentro en la actitud fenomenológica, la verdad tiene el permiso de aparecer talcomo ella quiera. La miro, me inclino ante ella y permito que vuelva a partir. Mediante su aparición, su efecto es mucho mayor que hablar de ella. Simplemente está y luego se vuelve a ir.
Esa también es la razón por la que vuelve a aparecer siempre de forma distinta, jamás es la misma. El terapeuta se alegra cuando viene, y cuando se va, 16 permite que se vaya. Es como con la felicidad. Uno se alegra cuando viene, y cuando se va, permite que se vaya.
Por lo tanto, ahí tampoco hay controversias. Qué habría de controvertido. Una verdad emerge, todos la pueden ver, y vuelve a hundirse. Aquello que ha emergido actúa en el alma, pero no sé cómo. Si yo persigo a un paciente y le digo: "Ahora tenemos que ver de ordenar eso un poco más", entonces aquello que emergió se retira. Es banalizado, y del fuego quedan tan sólo las cenizas. Es decir, en este tipo de terapia se trata sobre todo de una actitud básica, se trata de la actitud fenomenológica básica de devoción, devoción ante la realidad. De esa manera tampoco existe la tentación de querer manipular la realidad que sale a la luz, o de querer suavizarla o también de agravarla, ni uno ni lo otro. Siento la devoción ante ella y luego continúo con mi trabajo habitual.