03/08/2026
Capítulo 37
Una oportunidad.
Al primer comentario le dedicamos el capítulo
alex's pov.
Los rayos de sol dificultaban mi vista, fruncí el entrecejo maldiciendo por lo bajo.
Estreché mi brazo de forma involuntaria en busca de Matt pero no se encontraba. Abrí los ojos
abrumada y solo encontré sábanas desordenadas y la vacía habitación que parecía cada vez más
gigante. Me removí nerviosa con una fuerte presión en mi pecho.
No me ha dejado, no sería capaz de hacerlo. No luego de todo lo que afirmó la
noche anterior...
Me levanté de un brinco y lo busqué en el cuarto de baño; vacío. Caminé hacia el
armario e indagué en cada cajón; no había absolutamente ninguna prenda. La presión se hacía
cada vez más constante pero la ignoré y fui en busca de mi móvil. Al encender la pantalla
aparecía un texto de Lily y otro de Kate ambas escribían ''acabamos de ser secuestradas por un
id**ta'' seguido de ese mensaje seguía otro con 'Chad me ha pedido ser su novia' y el
consiguiente 'Thomas me ha pedido ser su novia'
Sonreí y me alegré por mis amigas. Una lágrima involuntariamente rodó por mi
mejilla. Si tan solo Matt fuera distinto...sin tan solo Matt no hubiera decidido hacer nuevamente de
las suyas y dejarme tirada en este lugar...
¡si tan solo! ¡si tan solo!
Todo es impredecible y dañino viniendo de él. Tomé lo poco y nada que traía para
salir de ese lugar cuando una llamada en mi móvil vislumbraba el nombre de Matt. La cogí
furiosa.
— ¡Donde demonios es....!
me cortó enseguida.
—¿Nena? ¿has recibido mi regalo?—se detuvo al notar mi voz sollozando—
¿estás...estás llorando? Joder, como ese estúpido botones te haya puesto sus puñeteras manos
encima le corto la polla con mis propias manos—masculló.
sus palabras eran confusas.
—¿Botones? ¿regalo?— articulé confundida.
— Así es, el lame po...— se detuvo— el botones debía llevar algo a tu habitación—
un silencio invadió la línea—¿no ha llevado nada no es así? men**o id**ta, se quedará sin día del
padre...
Sonreí ante su grosera elección de palabras. No se ha ido ni me ha dejado. Jesús
Alex, qué id**ta te has vuelto. Unos golpes en la puerta interrumpieron nuestra conversación.
Caminé hasta ella y la abrí mostrando a un chico de unos veinte años aproximadamente con dos
bolsas que colgaban de sus manos.
— Ya ha llegado Matt, cálmate.
— No Alex, en mi naturaleza definitivamente no existe la palabra calma. Dile que
coja el móvil.
Lo hice al momento en que me entregaba las bolsas.
— Sí señor...claro señor...toqué varias veces pero— se detuvo sin completar la
oración— señor me temo que si ocurre eso no podré tener hijos— sonreí al instante— prometo
que no volverá a ocurrir...¿lame qué?...jesús, lo prometo...fue un placer ha...— me observó
pálido.
— Co-cortó.
Y luego de entregarme mi móvil desapareció por el pasillo antes de darle las
gracias. Toqué mis sienes, cerré la puerta y caminé hacia la cama para hurgar entre las bolsas.
La primera contenía unos vaqueros oscuros junto con un suéter rosa pálido y la segunda un par
de botas negras. Deduje que sería para cambiarme este corto vestido así que lo hice, y luego de
veinte minutos estaba lista.
Tocaron la puerta y corrí a abrirla e inmediatamente mis piernas flaquearon. Matt se
encontraba con unos vaqueros negros, un suéter del mismo color y un adorable gorro gris
adornaba su cabeza. Pero eso no fue lo que captó mi atención, en su lugar una rosa blanca
descansaba sobre sus gigantescas manos. Lo observé durante una fracción de segundo y sus
mejillas se tornaron de un color rojizo.
— Hum...— carraspeó— esto, esto es para ti.
Estrechó la rosa avergonzado y yo la tomé para luego saltar a sus brazos. Me
embriagué con su olor guardándolo en el lugar más recóndito de mi mente para que nunca
escapara de allí. Envolvió sus brazos con mi cuerpo y musitó cerca de mi oreja: — ¿Sabías lo
jodido que me vuelven las chicas con suéter color rosa?
Ahogué una carcajada en su cuello para luego observarlo a los ojos.
—¿Sabías lo jodida que me vuelven los chicos que llevan suéter color negro?
Sonreímos al unísono y luego pegó sus labios a los míos sin previo aviso, en un
acto cálido y deseoso. Era la primera vez que ya no sentía miedo de reprimir mis sentimientos
hacia él. Era la primera vez que ambos no temíamos lo que pudiera suceder. Era la primera vez
que eramos el y yo, sin ataduras, sin presiones, sin problemas. Solo él y yo.
Una vez que se separó de mi cuerpo enroscó sus dedos con los míos y me llevó
hacia el ascensor. Bajamos a la primera planta y Matt me dirigió a las a fueras del hotel. Lo miré
confusa al momento en que abría la puerta de un coche para mí. Obedecí a su petición un tanto
sorprendida, jamás se comporta así, jamás ha abierto la puerta de un coche para mí, me temo
que tengo la costumbre de esperar siempre algún acto primitivo o grosero de su parte.
Subió al coche y aceleró por la gran avenida, el ruido del tráfico mitigaba mi
nerviosismo pero no lo desaparecía. Permanecí incómoda y callada durante al menos veinte
minutos del trayecto, contabilizando la cantidad de árboles que observaba. A ratos notaba de
soslayo como Matt me contemplaba. Al parecer los dos nos encontramos en el mismo punto,
aterrados de que esto pueda desaparecer. Consumidos por nuestros temores, nuestras
inseguridades.
Apoyé mi cabeza sobre el ventanal y cerré mis ojos soltando un suspiro. Solo logré
permanecer así una fracción de segundo porque luego mi cuerpo se abalanzó con brusquedad
hacia adelante poniendo alerta a todos mis sentidos. Abrí los ojos y observé el tráfico pasar por
nuestro lado, Matt se había detenido a un lado de la carretera obstaculizando al centenar de
autos que viajaban por la carretera.
— ¡Pero qué te ocurre! ¡casi me matas de un espanto!— mi corazón latía de forma
irregular pero Matt se encontraba ajeno a mi malestar. Sus hombros estaban tensos y sus manos
que se encontraban apretando el volante dejaban a la vista sus definidos músculos contraerse.
— ¿He hecho algo malo?
Su voz contenida y rota era como un balde de agua fría lanzado a todo mi cuerpo.
— Estás...extraña, ¿es...es por como insulté al jodido botones? porque si es
eso...yo podría explicarte porque lo...
— No, para nada— lo interrumpí. Sus ojos grises me atravesaron el alma— es solo
que...tengo miedo. Todo esto me aterra Matt— un n**o atravesó mi garganta— Todo era más
fácil cuando te odiaba—confesé.
Su mano viajó hasta la mía entrelazando sus dedos junto con los míos.
— Créeme estoy tan o más aterrado que tú Alex, no sabría explicar qué es lo que
me ciega cuando estoy junto a ti. Has ejercido un jodido control sobre mí y es difícil admitirlo para
alguien que no le ha importado nada durante toda su vida.
Sus palabras eran como ácido carcomiendo mi cerebro. Me resulta imposible que
este hombre lleno de odio contenido sea capaz de dejarme atónita al momento de abrir su oscuro
corazón. ¿Cómo es capaz de quebrarme de esta forma? Acarició mis nudillos esperando una
respuesta y por fin logré soltar lo que tanto tiempo temí decir.
—¿Y si esto acaba mal? ¿y si tan solo decides dejarm...
me cortó enseguida.
— No pensemos en lo que podría suceder Alex. Te confieso que al aceptarme en tu
vida estarás aceptando al mismísimo demonio entrar. Estoy jodido, más de lo que podrías
imaginar, y sé que soy un completo egoísta al pedir que no me dejes pero es que joder, se me
hace imposible estar lejos de ti—se aproximó a mi cuerpo y acarició mi mejilla— eres como una
droga, y me temo que jamás tendría suficiente de ti. No supe que era este sentimiento hasta que
sucedió y créeme, no me arrepiento de estar aquí, por ti.
Y luego de su tan extasiada confesión lo comprendí. Comprendí que él estaba tan o más aterrado
que yo, comprendí que estaba dispuesto a dejar todo por mí, porque en el amor siempre sufrirás,
nunca estarás libre de caer y Matt...Matt estaba dispuesto a caer por mí y eso era razón suficiente
como para no reprimir mis sentimientos hacia él. Era suficiente como para seguir adelante con
esta bomba que en cualquier momento detonaría acabando con todo a su paso.
Corté la inexistente distancia que nos separaba y pegué mis labios a los suyos. Por
alguna razón sus palabras sonaron como poesía en mis oídos. Su lengua exploraba cada rincón
de mi boca con ternura, con deliberada tranquilidad. Deleitándose lentamente del éxtasis que
provocaban nuestros cuerpos juntos. Jamás me cansaría de besarlo, cada vez que mis labios
tocan los suyos es una experiencia nueva. Aviva mis sentimientos, bloquea mi organismo de una
forma incomprensible.
Aunque lo niegue, en el fondo sé que estoy completamente metida hasta el cuello
en este pozo sin fin. Mi irritante vecino ha ganado un espacio en mi corazón como nunca nadie lo
ha hecho. Me he enamorado de él, me he vuelto débil con este sentimiento que cada día se
engrandece más y me aterra. Matt separó sus labios de los míos seguido de un gruñido debido a
las constantes bocinas que sonaban a nuestro al rededor. Me sonrió de soslayo al momento en
que se abría paso por la carretera y yo le imité, una vez que ingresó por completo me sorprendí al
sentir como enroscaba sus dedos junto con los míos para tomar la palanca de cambios.
El viaje nos tomó veinte minutos. Aparcamos a las afueras de una gran pista de
hielo que se encontraba en un recinto abierto específicamente para aquello. Mesas de picnic se
encontraban a unos treinta metros de la pista y árboles con flores rosa pálido le daban un toque
magnífico al lugar. Matt tomó mi mano y me dirigió a la pista, una cantidad enorme de chicas se
encontraban esperando su turno y no dudaron en contemplar a Matt de pies a cabeza como si de
un plato de patatas fritas se tratase. Fruncí el entrecejo y decidí ignorarlas.
Una vez que Matt sobornó (o más bien, amenazó) al chico encargado de las botas,
nos unimos a la fila. Un carrito de algodón de azúcar se ubicó cerca de la zona de picnic y yo lo
observé embobada.
— Iré por dos, espera aquí princesita— y luego de eso se dirigió al carro.
Observé su seguridad al caminar hacia el carro, dios su pasos seguros y
determinados se apoderan de cualquier lugar en el que él se encuentre. Irradia una electricidad
con cada paso que da y es evidente que no soy la única que cae en el exuberante magnetismo de
Matt. Observo a las chicas que le dedicaron miradas descaradas a mi...vecino, y diviso que una
se acerca a mí.
Mi mandíbula se contrae cuando la tengo en frente; ojos azules, cabello dorado y
magnífico y una nariz puntiaguda, de admirar. Estira delicadamente su blusa para resaltar su
busto y carraspea.
— Hola, mi nombre es Carla. ¿Matt es tu...hermano?
La chica arquea una ceja confusa y luego sus palabras me devuelven a la realidad.
¿Sabe su nombre? ¿Lo conoce a él? decido responder a su pregunta.
— No, no es mi hermano. Es...es— busco una palabra adecuada pero no la
encuentro, a fin de cuentas ¿qué somos? escojo la más adecuada — es mi, amigo.
La chica sonríe haciendo relucir sus perfectos dientes que brillan como perlas recién
pulidas.
— Vaya, ya lo pillo. ¿Eres la pasante de este año, no? eres linda pero no te
encuentro razón para que haya dejado de visitarme.
La rubia solo lograba confundirme y molestarme más. Contuve las ganas de tomarla
del cabello y limpiar la pista de hielo con su perfecto rostro.
— No, yo no soy ninguna pasante, solo soy una amiga como ya dije. Deduzco por tu
tono de voz que al parecer no te sacaron a pasear lo suficiente. ¿Aún llevas tu correa en tu
bolso? porque si es así podría decirle que lo hiciera— mi tono sarcástico la cabreo un montón.
La chica me iba a responder pero Matt llegó con dos algodones de azúcar y ni se inmutó en
observarla. Esto la molestó aún más.
—Ten princesita, de tamaño gigante para ti— la rubia carraspeo para que Matt le
prestara atención— ¿y tú, quién eres?— masculló pero lo interrumpí.
— Pues la acabo de conocer, su nombre es Carla y desea que la saquen a
pasear— fue inevitable ocultar las evidentes señales de que escupiría una sonora carcajada en
su rostro.
— ¡Qué yo no deseo que me saquen a pasear maldita zorra!— gritó exaltada pero
Matt la fulminó con la mirada— ¿Y tú, ya no me recuerdas? ¡el verano pasado quedaste en llamar
y nunca lo hiciste!
Su patética actuación parecía empeorar. Matt se acercó a ella furioso y luego me
observó apuntándome con su dedo para devolverle la mirada.
— No te atrevas a llamarla zorra ¿te quedó claro? y pues si no te llamé es porque
no me gustan las mascotas, ahora desaparece de mi camino. ¿Vamos nena?— enroscó sus
dedos junto con los míos y avanzó en la fila para entregar nuestros boletos.
La chica chilló y arrastró sus tacones lejos del lugar, seguido de su grupo de
amigas. Mi labio temblaba pero contuve las repentinas ganas de gritar— o llorar— ¿acaso
siempre será así? ¿no podré ir a ningún lugar porque al parecer todas se han acostado con Matt?
Me puse mis botas e ingresé a la pista, Matt gritó que lo esperara pero ignoré su petición y me
alejé lo más posible de él. Ni siquiera fui capaz de confesarle a aquella chica que Matt y yo
éramos—o somos—algo más que amigos, no había razón para hacerlo porque tampoco me ha
pedido ser su novia. Dios, todo es tan jodido si se trata de él.
Tomé la barandilla que envolvía toda la pista y observé hacia las afueras. Una mano
se posó en mi cintura pero fue suficiente para saber quién era. El cosquilleo que experimentaba
mi cuerpo solo una persona era capaz de provocarlo. Me giré exponiéndome a su mirada.
—¿Qué sucede Alex?
Contuve las ganas de reír al observarlo con los dos algodones sobre sus manos.
— ¿Quién era esa chica? ¿Cómo la conocías?— pregunté.
— La conocí en el verano. Mike tiene unos primos viviendo en este lugar y hicieron
una fiesta y bueno, pues ahí la conocí. Joder, no pensarás que tuve algún tipo de relación con
ella, ¿no?— rodé los ojos— Alex...solo fue cuestión de una noche, todo se trata de cuestión de
una noche antes de ti. Sé que suena repugnante pero ya nada de aquello me interesa; ninguna
chica, ninguna estúpida fiesta, nadie que no seas tú. Me ha costado demasiado reconocer este
jodido sentimiento como para cagarla justo ahora—confesó— además mi sexy vecina es mil
veces mejor que todas esas chicas, aunque se rumorea que es un poco cabezota...
Le enseñé mi lengua para luego agachar mi cabeza. No hizo falta levantarla para
notar que estaba frente a mí, era difícil no ver su ridículo suéter negro a centímetros de mi nariz.
— ¿Cómo sé que no soy más que una pasante Matt?— mascullé observando mis
botas.
Me sacudió levemente y me obligó a alzar la mirada.
— Oh Alex, créeme tú no eres una simple pasante, tú eres mucho más. Solo dame
una oportunidad para demostrarte que este id**ta puede valer la pena.
— ¿Qué...qué quieres decir con eso?
— Que lo más probable es que sea lo peor que te pueda suceder en esta vida,
estoy diseñado para destruir todo lo que toco y vaya que lo haré, miles de veces, una y otra vez
pero te aseguro alejarme de ti es algo que nunca podría hacer. Haces que desee romperle la
maldita cara a todo aquel que te contemple, siento unas inmensas ganas de que seas mía, solo
mía Alex—Matt me presionó más cerca y más fuerte— solo necesito una oportunidad para hacer
que esto funcione, prometo que si aceptas me encargaré de sostener el mundo si se nos viene
encima.
Es oficial, este hombre me volverá loca. Volvió a acercarme a él hasta que su frente
estuvo pegada con la mía, y me sujetaba únicamente de las muñecas, obligando a ponerme de
puntillas con las dificultosas botas. Mis ojos encontraron los suyos y me perdí en el intenso gris
penetrante.
Creo que se me olvidó hasta mi nombre, ¿Cuál era?
De pronto su boca estuvo sobre la mía, poseyéndola como un domador de circo con
su león. Besándome con lentitud y con fuerza mi respiración se aceleraba mientras él continuaba
dominando el movimiento de nuestros labios. Finalmente me soltó y yo quedé aturdida.
Inmediatamente mi mente divagó entre vengarme de esta tramposa forma de obligarme a ceder
ante su pregunta.
Sonreí y cogí un pedazo de algodón para estrellarlo en su rostro.
—Jo...der, lamentarás haber hecho aquello.
y sin dudarlo me deslicé con las botas puntiagudas hacia el otro extremo de la pista,
pero gracias a mi torpeza natural caí al suelo sobre mi trasero.
— Maldición—mascullé.
Escuché las risas de Matt a mis espaldas y me apoyé sobre el hielo para ponerme
de pie, una vez que lo hice un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentir la boca de Matt junto a mi
oreja.
— Apostaría a que esos pantalones te quedan mil veces mejor mojados nena. Tu
trasero tiene una hermosa perspectiva desde atrás.
Un rubor subió a mis mejillas y luego un calor se expandió por todo mi cuerpo.
Genial, he llegado al punto en que hasta mis brazos se tornaron de color rojizo. Una nueva
hazaña a la lista, provocada por Matt Dawson. Me giré avergonzada y noté que Matt ya no tenía
los algodones en sus manos, razón suficiente para cogerme entre sus brazos y pegar su frente a
la mía.
— Hermosa y sonrojada— y me besó. Unió nuestros labios borrando todo malestar
que pudiera existir en mi cuerpo, sus labios sabor a menta acariciaban los míos como si mi vida
dependiera de aquello. Se separó levemente de mí observándome desde su ridícula altura.
— Esto es por comportarme como un id**ta todo el tiempo—besó mi frente— Esto
es por volverme a la vida—besó la comisura de mis labios— y esto, porque joder... lo deseo.
Enrosqué mis dedos en su cabello y lo jalé de forma delicada al momento en que
depositó sus labios sobre los míos; gruñó por lo bajo pero aún así no detuvo el beso. Su aroma a
menta calaba hasta lo más profundo de mi ser elevándome a lo más alto. Me deleité con la
absoluta confianza que me transmitían sus brazos cuando mi trasero comenzó a vibrar, me
separé del cuerpo de Matt de inmediato y hurgué en mi bolsillo encontrando mi móvil con una
llamada perdida de papá.
¡PAPÁ!
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Nota de autora:
¡Actualización repentina! lamento tenerlas tan abandonadas... ¿qué les pareció el
capítulo? ¿quieren más malex felices? #¿PORUNMALEXSINDISCUSIONES?
Bueno en resúmen, ¡muchísimas gracias por leerme, las quiamo!
A las chicas que me pidieron saludos en el capítulo anterior. Lo siento, esta vez no
tuve tiempo ya que esta actualización sí que fue repentina. Prometo en el próximo capítulo
mencionarlas a todas Nos leemos
Continuará…….
Créditos a sus autoras ✍️
Elefante Rosa En La Luna 🌙