02/08/2026
En el silencio de una meditación, escuché el susurro de mis ancestros como brisa del mar Caribe, y pude sentir el pulso eterno de Puerto Rico.
Mi amada tierra no solo es arena y palmas, es un templo viviente de corazón comunitario, del abrazo que no conoce fronteras, del espíritu que reconoce al que llega de afuera y lo hace su hermano.
Como puertorriqueño, bendigo a mi compatriota , orgullo de Borikén y hermano universal, me uno a su energía, elevando un mismo canto de gratitud y honor por nacer en la Isla del Encanto y por el amor que brota de nuestra sangre ancestral, la fuerza que nació en los caminos del Indio Taíno, se renovó en la pasión del Español, y se encendió en el espíritu indomable del Africano.
Invocamos ahora a esas huestes espirituales del Taíno, del Español y del Africano;
que bajen sus bendiciones sobre nosotros, que bañen nuestra raza en la luz de sus enseñanzas, que fortalezcan nuestra isla, y nos otorguen la inspiración divina que nos guía a ser luz para todos en el mundo.
Puerto Rico, con su mar como espejo, nos recuerda que el amor es infinito y que cada gesto de humanidad, cada sonrisa franca y cada abrazo sincero, es una oración encarnada.
En este momento histórico, ante el paso de un hijo de Borikén al escenario del Super Bowl, donde canta desde sus raíces, desde su idioma y desde su verdad, celebramos la victoria de identidad, dignidad y amor.
Aquí no se trata solo de música, sino de alma que trasciende fronteras. Benito ha llevado el tambor de nuestra tierra a los ojos del mundo, recordándole al planeta que nuestras voces, nuestras lenguas y nuestras creencias, son un canto de unidad y esperanza.
Que esta noche sea un ritual de luz para todos los corazones:
que cada pueblo latino sienta orgullo de su raíz, y que en cada alma despierte la certeza de que el amor, y solo el amor, debe dirigir nuestras acciones.
Así como el coquí canta en la noche de Borikén, que nuestras voces se eleven hoy para celebrar la hermandad, la resiliencia y la luz eterna que reside en cada latido puertorriqueño.
Gracias Dios por mis raíces; yo sería borincano aunque naciera en la luna.