01/04/2026
A poco tiempo de llegar a este país vine a este mismo salón a una clase de yoga como practicante.
Sé que fue una buena clase porque tenía una buena secuencia y la energía de la profesora era agradable. Ella hico varios comentarios jocosos y manejó muy bien el grupo, pero lo cierto es que yo no entendí los chistes y tampoco el 70% de sus indicaciones porque el inglés aún me resultaba muy ajeno.
Quise estar en su lugar, dictando esa clase en inglés a sala llena, pero honestamente lo vi como un sueño lejano.
Cerca de 2 años más tarde llegó mi oportunidad de dictar clase de yoga en ese mismo salón, pero la sala estaba muy lejos de llenarse. Mis clases llegaban a 6 u 8 personas cuando tenía muchos.
Me sentí triste, desanimada; dudé de mi misma, lloré. Aunque sentía que el problema era el idioma, empecé a cambiar y probar otras estrategias y a buscar razones. Me perdí un poco a mi misma, pero mientras me perdía, seguía aprendiendo el idioma.
Después de 2 años enseñando en el mismo salón, decidí ser la misma profesora que he sido siempre y retomé mi esencia. Volví a mi, pero con la humildad que dan los golpes.
Hoy mis clases son abundantes de personas, disfrute, y jocosidad cuando hace falta. Ahora mis metas mutaron. Son más ambiciosas, pero también tienen su tiempo.
Sólo quiero recordarte que cuando eres leal a ti mismo y haces las cosas con amor y ética, en el tiempo perfecto te encuentras con la cara del éxito. Y ese éxito merece ser disfrutado y celebrado aunque en el camino surjan nuevas metas.
Sigue avanzando sin olvidar el camino que te trajo hasta el exacto lugar en el que estás parado ahora. Ese camino, tiene muchas cosas para contar y enseñar.