11/23/2025
Lee está información. Te va a servir 👇
EL ADICTO QUIERE SER AMADO COMO UN NIÑO
El adicto no pide amor… pide que lo quieran como cuando era niño: sin condiciones, sin límites y sin consecuencias.
Cuando hablamos de adicción, muchos se sorprenden al descubrir que, detrás del consumo, hay una necesidad infantil que nunca maduró. Erich Fromm decía que el amor adulto implica cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. Pero el amor que pide un adicto no es ese… es un amor más antiguo, más primitivo, más demandante. Un amor que busca ser sostenido, no acompañado. Un amor que pide refugio, no crecimiento.
Desde una mirada profundamente humana vemos que el adicto arrastra una herida infantil: el miedo a no ser suficiente para recibir cariño. Por eso, cuando la vida le exige madurez, él regresa emocionalmente a ese lugar donde solo quería que lo abrazaran para que todo se calmara.
El adicto no quiere que lo ayuden… quiere que lo carguen.
Y aquí está la trampa: ese amor infantil que pide es imposible de darle a un adulto. Porque un amor sin límites, sin frustración, sin responsabilidad, no es amor… es regresión. Fromm lo explica bien: amar no es satisfacer deseos infantiles, sino ayudar al otro a crecer, incluso cuando duele.
El adicto muchas veces siente que el mundo le debe ese amor que no tuvo, o que tuvo a medias. Y busca que alguien —una madre, una pareja, un amigo, incluso la sustancia— cumpla esa función de “amor-mamá”, ese amor que calma sin pedir nada a cambio.
Por eso, cuando alguien lo confronta, él lo vive como abandono.
Cuando alguien le pone límites, lo vive como rechazo.
Cuando alguien le dice “es tu responsabilidad”, lo vive como traición.
No porque sea malo, sino porque su corazón sigue pidiendo un amor infantil… mientras su cuerpo vive en un mundo adulto.
El adicto busca amor… pero necesita vínculos.
La adicción nace donde hubo amor, pero no hubo sostén emocional suficiente. No es culpa de nadie: es la historia que se tejió.
Sin embargo, la salida sí depende del hoy: de construir un amor adulto, uno que no rescata sino acompaña, uno que no carga sino fortalece.
Un amor que dice:
“Te quiero… pero no haré tu trabajo por ti.”
“Estoy contigo… pero no voy a salvarte.”
“Te acompaño… pero la decisión es tuya.”
Ese amor es el que sana.
Ese amor convierte la dependencia en responsabilidad.
Ese amor ayuda a que el adicto deje de buscar la infancia perdida y empiece a construir su propia adultez.
El adicto quiere ser amado como un niño… pero solo se recupera cuando aprende a amarse como un adulto.
Kalefh
Psicólogo en adicciones
WhatsApp 443 227 1958