24/10/2025
No hay nada que arreglar en ti.
Ni tu olor,
ni tu piel,
ni las formas que el tiempo decidió dibujar.
Tu cuerpo tiene su propio idioma,
y aunque el mundo insista en traducirlo mal,
él sabe exactamente lo que hace.
Esa fragancia natural que a veces te incomoda
no es impureza,
es salud.
Es tu cuerpo recordándote que está vivo,
que se cuida,
que respira por sí mismo.
Tus labios no tienen que ser iguales,
ni tu piel perfecta.
La simetría no es sinónimo de belleza,
y la piel sin poros no existe fuera de una pantalla.
El vello no es enemigo.
Protege, abriga, defiende.
Y si decides quitarlo,
que sea porque tú lo eliges,
no porque te lo hicieron creer.
Tu cuerpo tiene su ritmo,
sus cambios,
sus texturas.
A veces florece, a veces descansa.
Tiene secreciones, mareas,
señales que hablan de fertilidad, deseo o descanso.
Nada de eso es vergonzoso.
Todo eso es vida.
Tus senos pueden no ser gemelos,
tus muslos pueden tener celulitis,
tu piel puede mostrar su historia.
No hay defecto en lo humano,
solo evidencia de haber habitado este mundo.
Tu placer no es misterio ni pecado.
Tu cuerpo siente, se expande, responde,
y cuando algo duele,
no estás obligada a fingir placer.
El s**o no es resistencia,
es conexión,
y solo existe cuando ambas almas consienten.
Después, recuerda cuidar de ti:
respirar, vaciar, orinar, dejar que el cuerpo cierre su propio ciclo.
Porque eso también es amor.
Relato coto: “Tu cuerpo no necesita permiso”
Tu cuerpo no necesita fragancias artificiales,
ni rituales para ser “aceptado”.
Solo necesita respeto, descanso y ropa que le deje aire.
Conócelo.
Escúchalo.
No como una tarea,
sino como un acto de ternura.
Porque este cuerpo —con su olor, su vello, sus marcas, su historia—
es el único lugar que te ha amado desde siempre.
Y merece que lo ames también.
¿Cuándo empezaste a hacer las paces con tu cuerpo?