24/03/2026
Todo comienza en tu sistema nervioso.
Regularlo no es volverte más fuerte.
Es volverte más capaz de quedarte.
Quedarte cuando el cuerpo se activa.
Cuando la ansiedad sube como una ola.
Cuando el impulso es escapar, cerrar, distraerte o endurecerte.
Porque un sistema nervioso no desarrollado no es débil:
es un sistema que aprendió a sobrevivir yendo rápido,
en lucha, huida o congelamiento,
sin espacio para sentir sin desbordarse.
Desarrollarlo es otra cosa.
Es aumentar tu capacidad de tolerar intensidad
sin perderte.
Es poder sentir más
sin tener que anestesiarte,
explicarte
o reaccionar automáticamente.
Es pasar de vivir en reflejo
a vivir en presencia.
Y eso no ocurre pensando distinto.
Ocurre practicando algo muy concreto y muy incómodo:
quedarte medio segundo más
cuando todo en vos quiere irse.
Notar la respiración sin forzarla.
Sentir el cuerpo sin corregirlo.
Registrar el impulso sin obedecerlo de inmediato.
Así, de a poco, el sistema aprende:
esto también se puede atravesar.
Y en ese aprendizaje silencioso
se ensancha tu ventana de tolerancia.
Entonces la vida deja de ser algo que te pasa por encima
y se vuelve algo que podés habitar
sin desaparecer en el intento.
Regular el sistema nervioso es, en el fondo,
dejar de sobrevivir a cada momento
y empezar, de a poco,
a estar vivo dentro de él.