12/02/2026
¿Cuántas veces planificaste y organizaste en tu cabeza algo que durante el proceso cambió, terminó o se desmoronó?
¿Cuántas veces te aferraste a ese deseo o anhelo?
¿Cuántas veces te negaste a aceptar que la vida te estaba diciendo es por otro lugar, es de otra forma?
Nos aferramos y nos resistimos al cambio desde lo que “creemos que es lo mejor” desde nuestra experiencia, desde nuestra historia, en definitiva desde nuestras heridas.
Y esto lo veo mucho en mis consultas, pero en especial en las madres.
Veo y siento como sufrimos cuando “ las cosas no son como queremos para nuestros hijos”
Y nos alejamos de lo que ellos necesitan porque no hemos sanado nuestras heridas y estamos, de manera inconsciente, proyectando en ellos y compensando lo que a nosotras nos hubiera gustado.
Y así nos quedamos en la “familia perfecta”, “la mejor escuela”, “el trabajo seguro que me permita darles todo” y mucho más…
Y nos alejamos de nuestros hijos sin realmente poder ver que son seres con su huella y su destino propio.
Y nos alejamos de nosotras mismas, porque aceptar que nuestros hijos están tomado un camino, una forma o decisiones tan diferentes a las que tomaríamos nosotras, es conectar con nuestra herida, con nuestras necesidades no cubiertas.
Bendigo a cada mujer madre, de bebés, niños y adolescentes que se acerca a mi espacio terapéutico, porque me veo en ellas.
Me siento en ellas y al acompañarlas a poder ver y sentir desde otra perspectiva los procesos de sus hijos, soltando expectativas, creencias y dolores, también me acompaño a mí misma en el desafío de ser madre.
Acompaña a tu hijo en el camino hacia el mundo, que él te mostrará el retorno a ti 🤍.
Y si no sabes por dónde empezar, escríbeme.