04/02/2026
1. El factor higiene (Lo más común)
La boca es un ecosistema. Si no limpiamos bien, las bacterias hacen de las suyas:
Restos de comida: Se descomponen entre los dientes y producen gases con olor a azufre.
La lengua: Es como una alfombra que atrapa bacterias. Si no la cepillas, se forma una capa blanca que huele mal.
Placa y sarro: Causan inflamación en las encías (gingivitis), lo cual genera un olor metálico o fétido.
2. Lo que comes y bebes
Clásicos culpables: Ajo, cebolla y especias fuertes. Al digerirlos, sus aceites pasan al torrente sanguíneo, llegan a los pulmones y... ¡pum!, salen por el aliento.
Café y alcohol: Ambos resecan la boca. Menos saliva significa menos "limpieza natural".
Dietas keto: Al quemar grasa en lugar de carbohidratos, el cuerpo produce acetona, lo que da un aliento con olor frutal o químico fuerte.
3. "Boca Seca" (Xerostomía)
La saliva es el enjuague bucal natural de tu cuerpo. Si fumas, duermes con la boca abierta o tomas ciertos medicamentos, tu boca se seca y las bacterias muertas se acumulan, causando ese olor rancio.
4. Problemas de salud subyacentes
A veces el problema no está en los dientes, sino más adentro:
Infecciones respiratorias: Sinusitis, goteo posnasal o amígdalas con "bolitas blancas" (tonsilolitos).
Reflujo gástrico: Los ácidos del estómago suben por el esófago.
Enfermedades crónicas: Problemas en los riñones o el hígado pueden dar olores muy específicos (como a amoníaco).
💡 Tips rápidos para combatirlo:
Bebe mucha agua: Mantén la producción de saliva al 100%.
Limpia tu lengua: Usa un raspador de lengua o tu mismo cepillo.
Hilo dental: Si no lo usas, estás dejando el 40% de la suciedad ahí guardada.