04/03/2015
Ante el místico se abren tres metas principales y progresivas.
La primera consiste en ser consciente del borde, del aura, de su alma divina, el Yo Superior.
Los místicos, en su mayoría, alborozados por el estremecimiento emocional de su descubrimiento, se detienen aquí.
La segunda consiste en penetrar en su centro sereno e ingresar, durante el trance, en e indiferenciado vacío de la esencia, que no es percibida ni “codificada”.
Los místicos superiores y más inteligentes, que naturalmente existen en menor cantidad que los de primera clase, no se sienten satisfechos hasta que alcanzan su logro.
Son mayoría los metafísicos yóguicos de la India que basan su teoría de que el universo es una ilusión, sobre esta experiencia de desvanecimiento del mundo.
Para el yogui corriente ésta es la cima de la realización, y presenta para él la meta de la existencia humana.
Pero e trance mismo es sólo temporario.
¿Cómo puede una auto-abstracción mental, por prolongada que sea, cómo puede un estado meramente temporario, ser una meta final para la humanidad?
Todas esas teorías muestran meramente que esos místicos tienen sus limitaciones, por admirable que sea su capacidad para entrar en el estado de trance y conservarlo.
La tercera meta es introducir al yo verdadero, al vacío esencial y a la manifestación universal en una experiencia armoniosa y unificada durante la vigilia normal y plena.
Esto último es mística filosófica.
Al ser un logro complejo y completo, naturalmente reclama un esfuerzo complejo y completo.
El estudio analítico e histórico esmerado de las prácticas místicas y de las biografías místicas mostrará que estas tres metas distintas fueron las que siempre han sido perseguidas o logradas, sin importar a qué religión externa, país o raza hayan pertenecido los místicos individualmente.
Por eso, lo que el místico corriente refiere sobre el Yo Superior es cierto, pero incompleto, y lo que él experimentó es auténtico, pero insuficiente.
Aún tiene que tenerla experiencia total y completa que la mística puede darle.
Pero entonces, si la tiene, si se niega a contentarse con un logro incompleto e imperfecto, ya no seguirá siendo místico.
.