02/20/2026
Últimamente observo algo curioso en muchos que se llaman “trabajadores de la luz”, “emprendedores holísticos” o “seres despiertos”
Hablan de amor, pero compiten.
Hablan de unidad, pero envidian.
Hablan de conciencia, pero critican a sus propios colegas.
Antes eso me molestaba.
Hoy me provoca algo distinto...
Porque el ego espiritual es una etapa.
Y es más común de lo que se admite.
Yo también tambien estuve ahi, perderse es parte del camino...
Hubo un momento en que, frente a una situación difícil, me descubrí pensando ¿Por qué me pasa esto si yo soy espiritual?
Ahí entendí todo.
Había convertido la espiritualidad en identidad.
En superioridad sutil.
En un escudo contra la experiencia humana.
Creemos que ser espiritual significa no enojarse, no estar triste, no cansarse.
Estar siempre positivo, tener fe inquebrantable.
Eso no es conciencia, es perfeccionismo disfrazado de luz.
La espiritualidad no es un título ni un punto de llegada.
Es un estado de presencia amorosa… incluso cuando duele.
No eres más espiritual por simular equilibrio.
No existe “muy” o “poco” espiritual.
Existe la coherencia… o no.
Y si realmente quieres expandir tu luz, vas a tener que ir a tus infiernos.
Mirar tus demonios y permitir que tu sombra exista sin reprimirla ni proyectarla en otros.
Reconocer tu envidia, tu comparación, tu necesidad de validación, tu falta amor.
Aceptar tu cansancio, tu apatía, tu frustración.
Porque cuando sientes que “perdiste el control” de tu espiritualidad, lo que en realidad está herido es el ego que quería sostener esa imagen.
El ego espiritual es el más peligroso, porque se esconde detrás de palabras bonitas y se distraza de terapias ancestrales...
Si quieres más luz, empieza por hacer las paces con tu oscuridad.
Hasta que no aceptes todo lo que eres, no te conocerás y todo lo que compartas será desde tu dolor y no desde el amor.
Comparto con respeto y gratitud🙏🏻